los genes empiezan el recorrido en tehuacán, puebla y xalapa, veracruz. hago aparición en el mundo en la ciudad de méxico en donde me enamoro de la salsa valentina, los rancheritos, la actividad revolucionaria de la ciudad, los cafés en cada esquina (quizá por eso ahora no puedo beber café sin que el corazón se me acelere y el pecho se me contraiga, sniff), las librerías con tres pisos repletos de libros... de la cineteca nacional, los esquites, los piojos conspiradores con guille de mosqueteros (también llamados hermanos), de mi capacidad para meterme en una nuez y perderme en historias que leía y también las que me inventaba. 

de esos inventos dicen que tenían que esconderme los kleenex porque los cogía de helado y con ellos llenaba recipientes de papel despedazado. también dicen que en algún momento temía el borde de la cama con el piso por temor a que los tiburones fueran a pescarme una pierna así que hacía salto triple para subir y bajar de las camas (juro que no era locura, en esos días comenzaba a descubrir cuánto me gustaba la dinámica de ser yo y la casa -y era una grande- así que había tiempo para inventarse muchas cosas propias de ser hija menor de padres trabajadores a tiempo completo). en fin…  se dice esto y otras tantas cosas que harían más larga esta nota pero basta contar que son la base para mi optimismo pragmático (y de que me ría sin ton ni son en momentos inoportunos cuando uno de esos recuerdos vienen a visitarme).

de ahí pasaron 18 años cuando un avión me llevó a la ciudad de san juan bautista (allá en una isla del caribe) y durante 10 años hago como que hago… dicen que tengo cierto conocimiento en medios de comunicación, que no escribo tan mal, que mi alimentación es predominantemente vegetariana, diplomática, que una alianza -fruto de mi atrevimiento, es decir, de mi tozudez bocona- le dio trabajo a once colegas de universidad durante la cobertura de un evento deportivo, que trabajé en producción para anuncios de televisión. también dicen que puede que conozca algo de organizaciones sin fines de lucro y recientemente, en deliberación como herramienta para la democracia (esto último fruto de pasar 5 meses en ohio).

tengo una obsesión con la relatividad del tiempo (y esto es una excusa para decir que no puedo evitar despertarme antes de las 6am y dormir después de la media noche), que tomo dosis nada moderadas de yerba mate, guayusa, té verde (entre otros) y que a veces despierto en la madrugada, empaco comida, meto la cámara, libreta, bolígrafo y libro en el bulto viajero, cojo las llaves del coche y salgo a encontrarme con árboles y viento.


hola. me llaman ozso, so, sonia, soni, vida, shoni (~nitis, ~nina), monstruo (monstruo come hierbas), omicron, tía… 


tomada por josé r. vázquez rubiñán