Probablemete debió haberse ido a dormir buen rato atrás pero su mente sigue dando vueltas. Para efectos propios, el año termina el trece, antes de que salga de viaje. Una vez se suba al avión no pisará suelo caribeño hasta dentro de tres semanas, así que el 2007 se le acaba -al menos en esta tierra- en dos días. 

Se le está yendo este año. No habría ningún problema con eso, sería un año más, de no ser porque se percató de la suma de sus dígitos da 9 -tiene la manía de andar sumando, restando y demás para ver cuál es el número más simple al que puede llegar, si es nueve le presta mayor atención y se emociona, en cambio, si es siete no le entusiasma mucho y se va precavida.

Es nueve -se dijo- debo de hacerlo, no hay pierde, de igual forma ya está quebrantada la relación. 

Ese estado en el que se encuentran se debe a un par de cosas, una de esas razones es todo lo que calla cuando lo tiene cerca.

A diferencia de lo que Saramago escribió, en “Ensayo sobre la ceguera“, acerca de que las parejas, que siempre tienen algo que decirse son las, mejor y más, educadas, ella tiene la firme creencia de que no es así.

Cada silencio que queda suspendido y que los come cuando están “frente a frente“ no es por falta de tema para conversar (al menos no es el caso de ella, y seguro que no es el caso de él), está segura que tampoco son los famosos “gaps“. Lo que pasa es que teme decir algo que la deje expuesta. Si de por sí, no puede evitar esa “veta de amor“ en sus ojos cuando le mira, ¿cómo controlar la voz? 

Es demasiado qué controlar entonces ¿qué hace?, presiona para que se vaya, no lo quiere cerca. Mientras antes moría por verlo ---ah, es que no es sólo verle y ya, es conocerse más (y mejor) mediante él--- en ese momento que lo tiene cerca sólo piensa en que se marche antes que un roce la tumbe, antes de que sin pensarlo, termine besándolo. 

Es muy fácil cuando los impedimentos de llevar a cabo cualquier acción son por cuestiones mentales, se torna difícil cuando se siente, cuando se lleva adentro la intuición de que no hay reciprocidad y no sólo así, también cuando esa voz interna dice que la indicada, él ya la conoce.


Decía que no podía dormir. No, no puede dejarlo de inventar y no sabe qué decisión tomar. Sin embargo, en su mente sí hay algo claro, si termina este año...el próximo --no está segura de cómo-- decidió no darle cabeza. Está convencida en que reprimirá su “me gusta“ y sólo dejará el “te quiero“ que es más inofensivo. Mientras tanto, está atenta a una señal (un cambio de dirección en el viento, un gesto... algo) que le de un empujón hacia algún camino.